Un
día aburrido
Usted
se levanta y luego de ducharse toma un desayuno ligero aprovechando
de prender 15 minutos la radio de la casa, pues ahora las tarifas de
escucha están bastante caras. Resulta más barato prender su toca
CDs, aunque ya está cansado de escuchar la misma música siempre.
Piensa en comprar algunos nuevos discos cuando tenga más plata.
Sale
a tomar su movilidad para ir al trabajo esperando que no llueva,
pues en el paradero de la zona nada protege de las inclemencias del
tiempo. Decide tomar el ómnibus caro, ese que está conectado a un
noticiero privado, donde puede enterarse de los últimos
acontecimientos políticos y sociales. El pasaje cuesta 50 centavos
más que el normal, pero resulta más barato que comprar un diario
de noticias, que trae solamente 6 páginas. Si no hace uno u otro,
viajará muy aburrido, viendo casas y edificios y sólo algo de
verde (los municipios tienen que cuidar sus magros ingresos de
impuestos a viviendas y negocios). Y ojalá no le toque el chofer
ese que se pone a cantar sus reggaetones, para divertir a sus
pasajeros.
Al
regresar, podría ir al cine para ver alguna película interesante,
lo cual le saldrá solamente un poco más caro que contratar dos
horas de señal de televisión en casa, en alguno de los 3 canales
existentes. Usted jugará un momento con los niños y se dormirá
temprano, ayudado por un
buen libro. Felizmente pudo ir a la librería cercana a ver las
novedades, única forma de enterarse de los productos nuevos en el
mercado.
Si
el lector no lo ha adivinado, la diferencia entre su día normal hoy
y un día como el que acabamos de mostrar, está basada en un solo
gran aspecto: la publicidad. En efecto, si muchos sentimos que la
publicidad es una herramienta de las empresas para meterse en
nuestras vidas y vendernos de todo, pocos nos damos cuenta que
gracias a la publicidad hoy podemos disfrutar de muchos beneficios
gratuitos como música, entretenimiento, educación, información y
otras osas que ya damos por naturales. Sin la publicidad sería prácticamente
imposible financiar a los periodistas del noticiero que usted
escucha, al analista político que le informa sobre las elecciones,
a los equipos de fútbol que usted prefiere y a casi todo el sistema
de comunicaciones actual. Todo ello con un valor añadido
importante: igualdad de acceso para pobres y ricos.
Recordamos
este aporte hoy, en el 50 aniversario de la Asociación Peruana de
Agencias de Publicidad cuando presentan el “Libro de Oro de la
Publicidad Peruana”, escrito por Moris Traugott y Fernando Málaga,
dos experimentados profesionales de la comunicación. Ellos nos
muestran allí que, desde los pregoneros de la colonia hasta la
actualidad, el Perú ha tenido la suerte de contar con muchos días
de buena publicidad y buenos publicistas, haciendo así nuestra vida
cotidiana mucho más interesante.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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