Un
café
Aunque
es de origen africano, el café forma ya parte de la tradición
peruana, al igual que el asiático arroz o el europeo trigo. Sin
embargo, a diferencia de éstos dos últimos, que se consumen mucho
en el país pero que no tienen producción exportable, el café
peruano hace un buen tiempo ha comenzado a conquistar el mundo, sin
que los peruanos nos demos cuenta de su éxito. Por esa falta nos
merecemos, en peruano, recibir un “café”.
En
efecto, pocos saben que los cafetaleros peruanos han logrado
desarrollar mercados de exportación importantes, reconocidos sobre
todo por la calidad de sus productos. Más de un lector de esta
columna, se habrá sentido orgulloso cuando vio o le contaron que
vieron, algún tipo de café peruano exótico, vendido a precio de
oro en las tostadurías y cafeterías especializadas de Bruselas,
Frankfurt, Washington o Montreal. Es importante remarcar que ellas
son varios cientos de millones de dólares, muchos más dólares que
los que exportamos en muchos otros productos peruanos bastante más
reconocidos por nosotros.
Por
ello, no debería sorprendernos que la revista América Economía
haya nombrado entre los grandes empresarios latinoamericanos del
2007 al peruano Ricardo Huancaruna, presidente del grupo Perhusa, el
más grande exportador de café peruano, con negocios en Europa y
propietarios de la marca Altomayo. No es tampoco accidente que Nestlé
produzca Nescafé con café nacional, y que lo mismo hagan otras
marcas importantes como Cafetal y Mónaco, cuando lo usual sería
recibir ese insumo de países más experimentados en su producción
como Colombia o Brasil. Se trata sin duda que tenemos muy buen café,
lo que seguramente los grandes tomadores de café conocen, pero la
mayoría de peruanos no hemos todavía remarcado.
Alguna
vez leí que uno de los problemas de nuestro país era el tener
demasiada variedad de recursos naturales, lo que no estimulaba la
producción en gran escala, necesaria para ser competitivos
internacionalmente. Se planteaba allí que los agricultores
chilenos, al tener grandes zonas de climas y terrenos agrestes
donde solamente podían producir uvas, se vieron todos forzados a
trabajar en ellas y llegaron por tanto a tener la gran industria vinícola
que conocemos. Aunque no puedo aceptar que tener muchas
oportunidades sea una desventaja, creo que existe algo de razón en
ese análisis, cuando se habla de la necesidad de concertar
esfuerzos. Por ello me alegra ver que los productores de café
peruano decidieran ponerse de acuerdo para hacer una campaña de
consumo de este producto en el país, como la que lanzaron la semana
pasada. Creo por ello también que es conveniente que los peruanos
apoyemos esta iniciativa, pues apoyar a otro producto peruano
exitoso en el mundo, nos hará más exitosos a todos. No esperemos
que nos caiga otro “café” para empezar a hacerlo.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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