El
último 28 antes del TLC
Los
aficionados al fútbol saben que cuando un equipo juega de local,
tiene un jugador más –el público- que ayuda al triunfo en la
competencia. Este es el tipo de ayuda que esperaba la industria
peruana de sus consumidores, cuando hace unos años nuestros
estudios mostraron que en el país aparecía una tendencia hacia
preferir los buenos productos nacionales frente a los importados.
Muchos productores empezaron entonces a afichar claramente su
procedencia nacional para aprovechar esa tendencia, pero también
cometieron un error estratégico importante: olvidar ganarse al público
local.
En
efecto, a pesar de la orientación nacionalista, la mayoría de
empresarios continuaron percibiendo al patriotismo como un tema
secundario. Así, muchos siguieron pensando que las Fiestas Patrias
son sólo un periodo de mayores ventas, relegando el aspecto patriótico
a un segundo plano, folklórico y ajeno al negocio. Esa situación
sería un comportamiento social anecdótico y de menor importancia
económica, si no existiera ad-portas la firma del TLC con los
Estados Unidos.
En
efecto, sabiendo que el TLC traerá muchos aspectos positivos a los
exportadores, pero también un gran desafío a quienes sirven al
mercado peruano, algunas empresas empezaron a prepararse
internamente contra la competencia: buscando mejorar la calidad de
sus productos y aprovechando de su mejor conocimiento de los
peruanos para ofrecerles bienes más adaptados a sus necesidades.
Desgraciadamente, el empresariado nacional ha hecho muy poco
en el otro lado del terreno que es el de incentivar la motivación
central para preferir lo peruano: su identificación con el Perú.
Así,
salvo el caso de algunas campañas, entre las que destaca la de Inca
Kola y el reconocimiento a la originalidad peruana (desgraciadamente
opacada por la supuesta decisión de producir su esencia en Chile),
las empresas peruanas no se han preocupado por incrementar el
orgullo de los peruanos por su país. No parecen haber
comprendido que, para tener la ventaja de jugar de local –y
asegurarse la lealtad frente a un competidor externo- no basta con
señalar que se es peruano, sino que se debe lograr que la gente
valore el hecho de serlo. No olvidemos que un ciudadano que no está
orgulloso de su país, no tendrá motivación para defender su
industria. Una persona que no ama a su patria, tampoco tendrá
motivo para querer los productos hechos en ella. Un peruano que
piensa que Julio es bueno sólo porque hay días libres, no tendrá
razón para brindar con pisco en lugar de whisky.
En
estas Fiestas Patrias es importante entonces comprender que, además
del inmenso valor social que tiene el querer a su patria, el
patriotismo también tiene un gran valor económico. Ya hemos
desaprovechado muchos veintiochos para incentivarlo en nuestros
clientes y nuestra comunidad. Por lo menos este, el último 28 de
Julio antes del TLC con los Estados Unidos, hagamos la promesa de
tratar de cambiar esa situación. ¡Felices Fiestas Patrias para
todos!
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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