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El marketing sabe que un buen nombre ayuda mucho al éxito de un buen producto. Lo interesante es que algunos pequeños empresarios peruanos no se han limitado a crear nombres de empresa que cumplen bien su función de venta, sino que además tienen una cuota de cinismo, humor, ironía o picardía. Aquí algunos ejemplos observados recientemente.  

Mencionaremos primero los nombres pícaros de los bares  “Dos más y me quito”, “La casa de mi cuñao” y “La oficina”, facilitando estos dos últimos la respuesta a la consabida pregunta de la mamá o esposa: “dónde estuviste hasta esta hora, bandido”. Estaría allí a la cevichería “El Pez On” y la pollería “Gilipollos” -para quien conoce la jerga de la madre patria- además de la taquería mexicana “Retaco”, que dice mucho sobre la talla de su propietario más que sobre sus tortillas rellenas.  

Pondremos aquí también las muy elocuentes marcas de la vidriería “No te rajes”, la sala de bailes “Discotecaes” y el hostal “5mentarios”.  Ellas muestran claramente las características de sus servicios, aunque quizás no de forma tan directa como la “Clínica de Tumores” en Chimbote, que cualquier marketero ilustrado hubiera llamado “Centro de tratamiento Oncológico” perdiendo la fuerza que tiene el primer nombre.  

Merecen estar aquí igualmente nombres tremendamente explicativos del rubro, como los restaurantes “La Torre de Pizza”, “La Antojería”, “Los Pescados Capitales”, los pañales “Pototín”, y el muy claro “Lapicerólogo”, que no necesitan mayor explicación. Caso aparte es el de “Copias La Nítida”, que para sorpresa del autor lleva el nombre de la hija del propietario, Nítida Tafur. 

No podemos dejar de mencionar a marcas que le hacen un flaco favor a sus  empresas, como la de transportes “Titanic”, taxis “Autogol”, salón de belleza “Betty la fea”, y el restaurante “Grease”, cuyo origen fue una película de John Travolta, pero que hoy haría pensar en que nada allí es “light”. Aquí vale poner el ingenuo letrero de una tienda de un pueblo muy pobre, que decía simplemente “Se venden cosas”.  

Siguiendo con estos nombres especiales, cabe poner aquí algunos títulos de libros, como el de “Llámalo amor si puedes”, (sobre los extraños amores de personajes públicos),  “El Enano” (alusión directa a un contrincante), y quizás, con poca modestia,  “Ciudad de los Reyes, de los Chávez, los Quispe..”, sobre la migración hacia la capital del Perú.  

Todo lo anterior me anima a apelar a la imaginación del lector para ponerle título a un próximo libro donde pondremos más de 120 artículos como este, sobre el marketing, la política, la sociedad, la economía y el amor, que desde hace más de dos años publicamos los viernes en El Comercio. Sin duda esta recopilación será mucho mas atractiva con un título sugerido por ustedes al correo postmaster@arellanoim.com  

¿Y el título de hoy? Es el del mejor nombre que encontramos de un negocio: el de una agencia funeraria en un pueblito del Norte del Perú.

Rolando Arellano C.

Centrum Católica

Arellano Investigación de Marketing

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