Temblores
y temores
Con
el tremendo temblor del miércoles pasado, muchas actividades económicas
como el transporte público y la telefonía fueron exigidas al máximo,
generando colapso y paralización de servicios. Así, quienes se
querían movilizar en las ciudades vieron que las calles estaban
atestadas de carros que generaban grandes embotellamientos, y los
que trataban de contactarse telefónicamente con amigos o
familiares, solamente oían el bep-beep de una red congestionada.
En
ese momento, probablemente todos los ciudadanos nos sentimos
indignamos por no disponer de una policía capaz de organizar
el caos vehicular, ni de un servicio telefónico funcionando
adecuadamente. Sin justificar las ineficiencias existentes en los
diversos sistemas, un análisis económico puede hacernos comprender
que las fallas de algunos ante situaciones de demanda extrema se
seguirán dando, mientras los ciudadanos no tengamos un criterio de
comportamiento previsto para esos momentos.
El
lector comprenderá por ejemplo que si todos los miembros de su
familia quieren usar el baño al mismo tiempo, necesitaría que su
casa tenga 5 o 6 baños disponibles. ¿Por qué no los construye
entonces? Por que eso significaría un gasto innecesario, ya que la
mayor parte del tiempo 5 de los 6 baños estarían desocupados. Quizás
la manera más adecuada que tendrá usted de solucionar el problema
es pedir a sus familiares que se bañen en horarios diversos, aunque
eso no evitará que algunas mañanas haya descontentos, cuando
varios estén apurados para irse a sus labores.
Esta
misma situación es válida para el caso de los policías y los teléfonos.
Sería muy poco económico esperar que haya suficientes policías en
servicio, para controlar el tráfico en la eventualidad que suceda
un movimiento masivo de los 8 millones de limeños, como el del miércoles
pasado. Sabiendo que esa eventualidad puede ocurrir, lo más
conveniente es que los ciudadanos estemos preparados para tomar
decisiones más racionales en esos momentos, como movilizarnos sólo
si es indispensable, respetar al máximo los semáforos, y dar
preferencia a bomberos y ambulancias. La misma situación debería
usarse con los teléfonos, pues la lógica nos dice que sería
inmensamente caro –para los usuarios que al final pagamos el
servicio- tener una red capaz de soportar permanentemente a todos
los clientes hablando al mismo tiempo. En ese sentido, sin que eso
signifique dejar de exigir a las empresas de telefonía el mejorar
al máximo sus sistemas, sería muy positivo que los ciudadanos
dispongamos de códigos de conducta en telecomunicaciones, a seguir
en momentos críticos como los del temblor pasado.
Toca
entonces a todos, al gobierno, a las empresas y a los ciudadanos y
consumidores, el trabajar para crear códigos de acción, con los
cuales todos tengamos mayor tranquilidad en eventos críticos, a un
costo social y económico aceptable. Debemos aceptar que en general,
tener mucho puede resultar tan malo como tener muy poco.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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