Shakespeare
y la Renta Básica
Acabo
de ver la película “El Mercader de Venecia”, donde la estupenda
actuación de Al Pacino probablemente le otorgará un Oscar el año
próximo. Quienes conozcan esa obra, sabrán que su parte cumbre
trata de un prestamista, Shylok, que en la Venecia del 1,500
presenta ante la corte del Dux, su demanda de cobrar la garantía de
un préstamo hecho al mercader Signore Antonio. Quinientos años
después, el Cisne de Avon, nombre con el que se conocía a William
Shakespeare, sigue sorprendiéndonos con su conocimiento del
comportamiento humano, pues su historia se podría aplicar hoy a la
discusión entre la Telefónica y el Gobierno sobre la eliminación
de la renta básica.
Por
razones propias del enredado espíritu humano, en la obra Shylok
quiere que la corte lo autorice a
tomar una libra de carne, cerca del corazón, de Signore
Antonio, como compensación por un plazo de pago no cumplido. Aunque
el Dux de Venecia considera que el pedido es injusto y
desproporcionado, y a pesar que los usureros sufren del desprecio público,
debe escuchar su pedido pues existe un contrato válido entre éste
y el mercader. El gran argumento de Shylok es que si la corte
veneciana no acepta su demanda, ella quedará desacreditada ante el
mundo comercial y ni su palabra ni sus contratos serán respetados
en el futuro. Como es de esperar, el Dux no tiene otra opción que
autorizar al usurero a cobrar lo que legalmente le corresponde.
¡Cuánta
semejanza vemos hoy en el caso del Gobierno y Telefónica, donde
esta última defiende su derecho al cobro de la renta básica
basada en la existencia de un contrato debidamente firmado!
Sin ninguna duda, si se tratara del ducado de Venecia de
1,560, no habría mayor discusión y se dejaría a Telefónica
ejercer su derecho legal. Desgraciadamente, el Perú parece no haber
entendido esta enseñanza y coquetea con el argumento del bien
mayor, frente al del mantenimiento de la palabra empeñada. Quinientos
años después, no nos hemos aún dado cuenta que el bienestar de
corto plazo muchas veces es gran enemigo del bienestar permanente.
Sin
embargo, en los dramas shakesperianos, como en la vida, los
desenlaces no siempre son los esperados. Aunque no daremos los
detalles, para no importunar a quienes quieren seguir la obra, vemos
que aunque el contrato y la corte le daban el derecho, Shylok se ve
imposibilitado de actuar como quisiera. Peor aún, con cargo a
represalias mayores por amenazar la vida de un cristiano, debe
retirarse maltratado, perdiendo préstamo y venganza.
Hubiéramos
podido continuar haciendo un paralelo mayor entre el drama del bardo
inglés y la comedia del Perú del 2006, para hablar sobre la manera
en que debieran actuar Gobierno y Telefónica en este entuerto.
Creemos sin embargo que el lector podrá completar la historia mejor
que este simple escribano de temas de negocios.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
Ir
a más artículos 
|
|