Regreso
a Pangea
Los
geólogos dicen que hace millones de años existía un solo gran
bloque de tierra en nuestro planeta, que ellos llaman Pangea. Con el
tiempo esta unidad terráquea se fue dividiendo hasta generar los
continentes, Africa, Europa, América, Asia y Oceanía, que
hoy conocemos y que, dicen los especialistas, se sigue separando
algunos milímetros más cada año. El día de hoy se cumplen 515 años
de la llegada a América de Cristóbal Colón, que más allá de ser
simplemente la efemérides de un descubrimiento importante,
felizmente marca lo que podemos señalar como el primer regreso de
la humanidad a la Pangea original.
En
efecto, el descubrimiento del comerciante genovés significó en
verdad una regeneración de las relaciones del continente europeo
(que tenía intercambios cotidianos con Asia y Africa) y el
continente americano, es decir el regreso a un mundo casi
completamente conectado. Aunque para todos es muy claro que los
viajes de Colón marcaron el comienzo de la conquista cultural y
económica de Europa sobre América, no debemos olvidar que ellos
marcaron también un hecho mucho más trascendente: el gran
intercambio de personas, especies animales y vegetales, y culturas
entre todas las grandes regiones del mundo de entonces. Sin Colón
nuestro ceviche no tendría limón, ni los tallarines llevarían
salsa de tomate, Colombia no tendría café, Maradona no tendría un
apellido italiano, Bélgica no comería sus tradicionales papas
fritas y probablemente Brasil no habría creado la samba con que
celebran sus carnavales –europeos- el mes Febrero.
Hoy,
más de 500 años después de Colón, los tratados de libre comercio
que se firman por todos lados están continuando con este fenómeno
de nueva unión del globo terráqueo. En este caso, la reunión se
da por razones mayores a las geográficas, pues se da sobre todo por
la disminución de las barreras legales y políticas que limitan el
intercambio entre pueblos y regiones. Si hasta hoy, a pesar de las
restricciones existentes, el mundo ha podido construir las mixturas
que señalamos más arriba, podemos esperar que, con la generación
del libre intercambio entre las naciones, en muy poco tiempo el
mestizaje cultural y económico en todo el orbe sea mucho mayor.
Este
será indudablemente el caso en nuestro país, que más allá de lo
bueno o lo malo que pueda obtener de los tratados de libre comercio
que intenta firmar, está destinado en el cortísimo plazo, a
recibir mucho mayores influencias externas y, esperemos, a influir
mucho más en las culturas y economías de otras regiones. Aunque
esta perspectiva resulta inquietante para muchos por lo rápido del
cambio, no nos queda sino entender que lo que venga no puede ser tan
malo, pues los tratados que se vienen son solamente una continuidad
de la aventura de Colón hace algunos siglos, y en el fondo,
un regreso a un mundo unido que hace millones de años se llamaba
Pangea.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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