Regalos
de Navidad
Si
bien, desde hace mucho tiempo los regalos son parte de la
tradición navideña, cada año que pasa ellos se convierten en un
ingrediente mayor, tanto que ya parecen suplantar la fiesta misma.
Muchos críticos acusan entonces a la sociedad de convertir
la Navidad
en una ocasión de consumismo exagerado y banal, que termina muchas
veces en descontento. Creemos que tienen razón, pero más que por
el hecho mismo de dar regalos, por la manera en que algunos de ellos
se generan y ofrecen.
No
estamos en contra de que en Navidad se compren regalos, pues ello da
trabajo para muchos, pero creemos que comprar no es la única forma
de ofrecer un símbolo de amistad y cariño. Siendo importante
recordar que la función del regalo es la de contentar al regalado y
no la de dejar tranquilo al que regala, debe entenderse que más
importante que el objeto dado, es el resultado que se obtiene del
mismo.
Así,
tal vez comprar una camisa para el papá que lo necesita es una
buena idea. Pero quizás en lugar de regalarle por compromiso una
corbata, lo haría más feliz si el hijo le limpia y encera a fondo
el auto, ese que tanto quiere y que no tiene tiempo de cuidar. Quizás
el mejor regalo para la mamá abnegada que está todo el tiempo
trabajando, sería ofrecerse para preparar la cena navideña
familiar, en lugar de esperar que ella pase la noche del 24
cocinando como siempre. ¿Y a la abuelita no le gustaría un paseo
por esos barrios donde vivió de chica, y visitar a esa amiga de la
infancia? ¿Y por qué no enseñarles a jugar trompo a los chicos,
con uno de esos trompos de sólo tres soles que se encuentran en
cualquier mercado?
En
ese sentido, resulta reconfortante ver que muchas empresas hoy envían
sus deseos de fin de año con una tarjeta a clientes y amigos, señalando
que en su nombre –y en lugar de enviarles regalos personales- están
haciendo donaciones para obras sociales diversas. Por supuesto que
siempre es interesante recibir un regalito, pero este tipo de
mensajes resultan muy, muy motivadores.
Este
año he recibido algunos regalos, y seguramente el 25 recibiré más.
Pero para acabar, quiero compartir con ustedes dos de ellos, que me
han hecho sentir el espíritu navideño de manera profunda. Uno, un
pequeño libro de cuentos infantiles enviado por un buen amigo,
destinado a que lo comparta contándoselos a algún niño. Con toda
seguridad lo haré y ya estoy saboreando la oportunidad. Otro, de
una compañera de estudios, que me regaló un “collage” de fotos
de las muchas reuniones que tuvimos cada año desde que salimos de
la universidad. ¡Qué regalo maravilloso! que expresa cariño y
preocupación por agradar. En ninguno de ellos se percibe obligación
o sentido comercial, sino un puro y claro espíritu navideño. Ojalá
nos sirvan de inspiración. ¡Feliz Navidad para todos!
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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