Promociones
o revoluciones
Muchos
nos preguntamos la razón de fondo de los disturbios sociales en
todo el país, a pesar que las estadísticas muestran una mejora
significativa en la economía nacional. Una de las explicaciones
puede estar en que, si bien la pobreza ha disminuido, quedan muchísimos
pobres que estarán por tanto siempre descontentos. Otra, que
encontramos en nuestro estudio nacional de estilos de vida 2007, es
que si bien los pobres han incrementado su ingreso promedio, los más
ricos lo han incrementado en mayor medida, generando frustración
por la mayor distancia entre unos y otros. Pero creemos también que
quizás la situación se deba en parte a un manejo inadecuado de las
expectativas, por lo que algunas enseñanzas del marketing podrían
ser de utilidad.
Una
de las disyuntivas más frecuentes de marketing es la relativa al
tamaño de los premios en las actividades promocionales para tener
clientes satisfechos. Las opciones usuales son dar un premio grande
(una casa, una automóvil etc.) o dar muchos premios pequeños (un
helado, una gaseosa, un sticker). Allí, la experiencia ha mostrado
que la mayor satisfacción se logra dando muchas recompensas pequeñas,
mejor aún si están acompañadas de una recompensa grande. Esto lo
saben las loterías, que siglos atrás descubrieron que la
recompensa más atractiva es aquella que tiene un gran premio mayor
-para hacer soñar al público con una inmensa ganancia
potencial- conjuntamente con miles de premios pequeños, para que la
mayoría sienta satisfacción por alcanzar aunque sea una pequeña
parte. ¿Y cómo se aplicaría esto a la situación actual?
Un
análisis simple mostraría que el gobierno ha decidido realizar
grandes e importantes proyectos –grandes premios- como la
carretera transoceánica, el gas de Camisea o el TLC, pero no ha
implementado paralelamente acciones para satisfacer a la población
de manera más inmediata y directa. Contrariamente, Alberto Fujimori
hizo pequeñas obras en todo el país –muchos premios pequeños-
escuelas, postas médicas o millones de desayunos, que aunque no tenían
proyección económica sustentable, lograron que mucha gente
sintiera un beneficio directo. Es por eso quizás que, a pesar de
sus delitos, Fujimori tiene hoy mucha gente que aprueba su gobierno,
mientras García enfrenta grandes tumultos aunque tenga un manejo
bastante responsable de la economía.
No
planteamos aquí que la solución estaría en transformar la política
de sobriedad económica actual, en una de populismo a ultranza como
la fujimorista y la del primer gobierno alanista, pues eso sería
volver a la estrategia de corto plazo que tanto daño nos ha hecho.
Sin embargo, quizás sea conveniente comenzar a implementar,
conjuntamente con los grandes e importantes proyectos en curso,
acciones de corto plazo y menor maduración, que muestren rápidamente
a todos los peruanos, sobre todo a los más pobres, que las mejoras
llegan para todos. En una frase, usar promociones para evitar
revoluciones.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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