Pisco
con P de posicionamiento
La
mejor forma de facilitar el consumo en un mercado difícil, es buscándole
al producto una utilidad definida para un grupo específico de
consumidores, lo que los marketeros llamamos “posicionamiento”.
En este sentido, creemos que la falta de un posicionamiento claro de
nuestro Pisco es un problema central a resolver para hacer que este
símbolo nacional sea un producto exitoso. De otra manera, aún si
lográsemos la exclusividad legal del nombre y obligásemos a los
chilenos a llamar, por decir, “Chisco”
a su bebida, habremos perdido la verdadera batalla importante para
un producto: la batalla del mercado.
En
efecto, gran parte del éxito del producto chileno se debe a que éste
tiene un posicionamiento principal muy claro: “licor de precio y
de calidad mediana, que los jóvenes toman mezclado con gaseosa
oscura para sus reuniones y fiestas”. Aunque también se puede
consumir en otras formas, su definida personalidad central le
permite ser consumido masivamente con el nombre de piscola (o chiscola,
según nuestro ejemplo).
Por
el contrario, nuestro Pisco no tiene una definición muy clara y
ello hace difícil responder a la pregunta: ¿cuál es el
posicionamiento de este producto? ¿Es un aperitivo como el
vermouth, un digestivo como el anís, o un ingrediente de cócteles
como el gin? ¿Es un trago largo como la piscola, o trago corto como
el sake? ¿Sirve para “empilarse”, como el ron; para marearse,
como el vodka; o para conversar, como la cerveza? ¿Es para
disfrutarlo sólo, como el cognac; o para hacerlo en grupo, como la
chicha? ¿Para tomarlo con comidas, como el vino; o con postres,
como el champán? ¿Para hombres, como el whisky; o para mujeres,
como la crema de ron? ¿Para los muy jóvenes, como los alcopops; o
para más adultos, como el martini? ¿Para pobres, como el cañazo;
o para más pudientes, como el bourbon?.
Aunque
sea tentadora, la respuesta más obvia: que el Pisco es todo para
todos, no es la más adecuada. Desgraciadamente, en marketing se
sabe bien que, el que mucho abarca poco aprieta, y que quien quiere
ser mucho para muchos termina siendo poco para pocos. Es por ello
que hay muchas más cebicherías, chifas y pollerías exitosas, que
restaurantes que venden de todo.
Los
peruanos debemos entonces buscar un posicionamiento único y
diferenciado para el Pisco. Deberemos elegir entre otras cosas si
queremos que sea percibido básicamente por el sofisticado pisco
sour, o asociado a un trago largo y fácil como el chilcano
de pisco, o quizás
como trago corto y firme como el pisco
puro. Tendremos también que elegir si lo queremos caro y
elitista, tomado en copas de diseñador; o como bebida popular, en
vaso, mulita, o “a pico”, hablando de extremos.
Creemos
que si el Pisco continúa con su único posicionamiento de “licor
del orgullo nacional”, su consumo será muy pobre, quizás
solamente cada 28 de Julio, y cada vez que nuestros vecinos nos
amenacen con su muy bien manejado “Chisco”.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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