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Pena de muerte para su bolsillo

Existe gran cantidad de razones por las cuales los países civilizados decidieron no aplicar la pena de muerte como castigo. Ya que en nuestro país se pretende ignorar estas razones (éticas, legales y hasta técnicas) y se plantea su aplicación en casos específicos, debemos señalar aquí que hay una razón adicional muy importante para no aceptarla: la pena de muerte también afecta a la economía.  

Quizás debiéramos comenzar preguntándole al lector si le parecería bueno para su marca que, al verla su cliente potencial, le dijera ¿no es esta la fábrica donde asesinaron a fulano?, o, ¿su fábrica no queda la lado de donde “desaparecían” a los insurgentes? Indudablemente, esa situación resultaría muy mala para los negocios, puesto que al asociarla a eventos desagradables su marca también  se salpica de ese barniz, haciéndola mucho menos interesante –y deseable- para el mercado.  

Lo mismo sucede con un país, pues de su imagen ante el mundo depende la cantidad de turistas que a él acuden, el número de inversionistas que lo consideren entre sus opciones y los clientes que comprarán los productos con su denominación “Made in …”.

Desgraciadamente, en los últimos años la imagen de nuestro país ha sido muy poco agraciada. Así, en los ochentas el Perú se asoció a los asesinatos, apagones y bombas de “Sendero Luminoso”. Años después, cuando ello parecía formar parte de un funesto pasado, la imagen del linchamiento del alcalde de Ilave dio la vuelta al orbe y mostró nuestro peor perfil, mientras Laura se empeñaba en mostrar al mundo que los peruanos somos sucios y sin escrúpulos. Cuando todo esto comenzaba a pasar y empezábamos a reforzar una imagen de país atractivo y amigable, la gran noticia peruana, aplaudida por muchos, fue que un perro guardián asesina a un supuesto ladrón. En este contexto, ¿Qué mas podríamos hacer para reafirmar que en nuestro país no se respeta la vida humana? La respuesta es obvia, institucionalizar el linchamiento, en forma de pena de muerte, contra la opinión de las personas civilizadas del mundo.  

La pregunta a hacerse hoy es por ello muy simple. ¿Cómo queremos que nos conozca la comunidad internacional? ¿Como el país de Lay Fung y de los ajusticiamientos legales, o como el de la historia viva, la gente amigable y la gran gastronomía? ¿A cuál de los dos países preferiría ir de vacaciones usted señor lector? ¿En cuál de ellos invertiría su dinero? ¿De cuál preferiría comprar una camisa?.  

Existen cientos de justificaciones éticas y morales para oponerse a la pena de muerte, y solamente puedo hallar una razón de interés político para fomentarla desde el gobierno. En todo caso, lo que debe saber quien lee esta página de economía, es que si no siente que institucionalizar la pena de muerte le afecta el corazón, con seguridad ella va a terminar afectando a su bolsillo.

Rolando Arellano C.

Centrum Católica

Arellano Investigación de Marketing

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