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El Pavo real

Un amigo no solo debe festejar lo bueno, sino también advertir cuando los allegados comienzan a desviarse. Este es el objetivo del presente artículo, en el que me toca dar una señal de alarma para que mis amigos, muchos de los lectores de esta columna, no cometan un error que podría ser contraproducente en sus carreras y sus empresas. Hablo de la autosuficiencia en tiempos de crecimiento.  

Como escribimos ya en otras oportunidades, la bonanza económica, con tasas de crecimiento económico elevadas y estables, es una situación nunca antes vista por nuestros gerentes y empresarios. Los peruanos estuvimos más bien acostumbrados a inflaciones, devaluaciones y decrecimientos, por lo que “crisis” fue quizás el vocablo más utilizado por los ejecutivos hace pocos años. Paradójicamente, ello contribuyó a formar ejecutivos peruanos “todo terreno”, capaces de desempeñarse bien en circunstancias muy difíciles, como la peruana, y a ser muy exitosos cuando iban a trabajar en países más estables.  

Hoy, con el viento de la economía a favor, la mayoría parece haber olvidado la palabra “crisis” y la ha remplazado con frases como “he roto récords de ventas”, “he duplicado mis utilidades” o “mi empresa va como nunca”. Esto no sería malo si no viniera acompañado frecuentemente con un aire triunfador y autosuficiente que linda, o claramente cae, dentro del terreno de la soberbia. Quienes nos asombramos de la postura del Presidente de la República en algunas presentaciones, quizás no reparemos que a veces nosotros mismos tomamos ese aire inflado que nos asemeja –también– a un pavo real.  

No es que sea malo ser conscientes de nuestros éxitos; por el contrario, es bueno que el éxito alimente el trabajo, evidenciando que el esfuerzo es redituable. Lo que preocupa es no comprender cuánto de ese resultado es debido a nuestro propio esfuerzo y cuánto a la ayuda del viento exterior. Los atletas de pista solo computan los récords de velocidad luego de restarles la influencia del viento a favor. Ello los hace esforzarse más, pero festejan mejor sus triunfos.  

Quizás convenga entonces que los directivos empresariales reflexionemos un momento  sobre el verdadero significado de nuestros logros. Convendría así que analicemos cuánto de nuestro crecimiento se debe a la inercia de la economía, cuánto al esfuerzo integral de la empresa y cuánto a nuestro esfuerzo directivo. Pero ello sería todavía insuficiente si no nos comparáramos con el crecimiento de nuestros competidores y con empresas en otros sectores. Más aún, para ver si realmente estamos dando la talla, sin duda faltaría medirnos con empresas de otros países que lo han hecho bien en momentos similares.  

Medir nuestros éxitos teniendo como base solamente nuestras cifras de las malas épocas es muy peligroso porque nos hace bajar la guardia y nos impide desarrollar nuestro verdadero potencial. Por el contrario, una dosis de realismo en los momentos de euforia, nos lleva a esforzarnos más y permite que este crecimiento se mantenga mucho tiempo.

Rolando Arellano C.

Centrum Católica

Arellano Investigación de Marketing

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