Pásame
la botella
Hasta
hace algunos pocos años todo pueblo que se preciaba de importante
tenía como mínimo su comisaría, su Banco de la Nación y su fábrica
de gaseosas. Esto último cambió cuando, con la difusión de las
botellas descartables, la industria se hizo mucho más competitiva y
abierta. Igual podría pasar muy pronto en la industria de la
cerveza en el Perú y en el mundo.
En
efecto, con la llegada de la botella de plástico descartable
disminuyeron las más importantes barreras de entrada a la industria
gaseosera, que eran el alto costo de transporte de las botellas de
vidrio, y la
necesidad de capital invertido en un parque de botellas que hicieran
varias veces el viaje redondo entre el productor y el mercado.
Aunque el problema del retorno del envase podría eliminarse con las
latas de aluminio, la barrera financiera no disminuía, pues la
inversión en la fabricación de
latas es también prohibitiva para pequeñas escalas de
producción. Con la llegada de la botella plástica, entraron al
mercado los kolas reales y decenas de productores pequeños,
haciendo que la industria de las gaseosas deje de ser una de las más
rentables actividades empresariales, para convertirse en una
industria altamente competitiva. Los fabricantes debieron entonces
cambiar sus armas de lucha iniciales -su capacidad
financiera y logística- para pelear con más armas de marketing, es
decir adaptándose
a las reales necesidades de su consumidor
mejor que la competencia.
El
mercado de la cerveza ha tenido una historia parecida a la de las
gaseosas, aunque empezando de mucho antes. Así, su desarrollo
siempre fue limitado por la capacidad de los productores de tener
envases aptos para llevar y traer el producto inalterado. Dada la
imposibilidad de la venta a distancia, por las barreras de entrada
financieras a la distribución y al parque de botellas necesaria, la
única forma de comercialización de los productores pequeños era
la venta directa en bares-braserías, es decir en bares situados en
la misma fábrica.
Parecería
que, al igual que en el mundo de las gaseosas, esta situación puede
cambiar drásticamente con la noticia de que el grupo Añaños
pretende ingresar al mercado cervecero peruano con botellas
descartables de plástico, dejando para después su ingreso a México,
lugar donde se había dicho que comenzaría primero. Aunque siempre
existieron una serie de paradigmas sobre que el plástico cambia el
sabor o no protege bien a la cerveza, este no sería el primer caso
en que los avances tecnológicos echen por tierra los prejuicios y
sentimientos de superioridad de los líderes de un mercado y
permitan la entrada a competidores insospechados. “Pásame la
botella, y luego bótala”, podría entonces ser la próxima canción
de moda en el Perú, país que, sin que lo notemos, se ha convertido
en un importante centro de innovaciones comerciales para economías
emergentes; innovaciones contra las que es peligroso competir
confiados en los paradigmas de la industria clásica.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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