Ojotas
ecológicas
Con
frecuencia aparecen protestas de activistas de países desarrollados
quejándose sobre la destrucción de la Amazonía por los
agricultores peruanos o brasileños. A veces ellas llegan a negar la
propiedad de la Amazonía a nuestros países y plantean la creación
de una autoridad mundial, basándose en la incapacidad de nuestros
gobiernos de frenar el deterioro. No dudamos de la importancia de
evitar la deforestación, pues los pulmones del mundo se encuentran
ahora en esa zona. Creemos sin embargo que los activistas deberían
poner también, igual o mayor énfasis, en frenar la razón central
de la amenaza a la ecología mundial, que es el consumo desenfrenado
en los países desarrollados, con sus consecuencias en producción
de gas carbónico y calor.
En
efecto, el mundo desarrollado olvida que la causa central de los
graves problemas climáticos que sufre el planeta no es la
desaparición de las áreas vírgenes en el mundo. Por el contrario,
es el inmenso consumo de los países ricos el que hace que cada día
sea más importante conservar esas selvas, pues ellas purifican el
ambiente maltratado por ese consumo excesivo. Así, no olvidemos que
cada automóvil que se vende en los Estados Unidos, cada grado de
calefacción utilizado en las casas de Alemania y cada televisor
usado en Japón, incrementa la producción de calor, que después se
espera sea contrarrestado por los pulmones amazónicos.
En
ese mismo sentido, con frecuencia se dice que los países pobres no
se preocupan por eliminar la polución ni reciclar sus desechos. Hay
mucho de verdad en eso, y muestras claras son el humo negro que
vemos botar diariamente a miles de autos y la basura que se acumula
en algunas zonas de nuestras ciudades. Sin embargo, esa constatación
no debe hacer olvidar que la polución generada por algunos miles de
vehículos defectuosos de los países en desarrollo es mínima
comparada con aquella producida por los cientos de millones de autos
modernos del mundo más rico. Tampoco debe olvidarse que aunque
adolecemos de sistemas de reciclaje formalizados, en nuestros países
se recicla, informalmente, todo lo que tiene un mínimo valor
comercial. Un ejemplo son las ojotas de los campesinos de nuestra
sierra, pues desde hace decenios esas sandalias dan una segunda vida
a las llantas desechadas por los vehículos, mientras los científicos
de los países ricos se rompen la cabeza buscando formas de
reciclarlas.
Y ¿Por
qué hablar de ecología en una columna de marketing? Porque el
marketing es la disciplina que busca satisfacer necesidades de los
individuos, muchas veces mediante el consumo, pero ello no implica
que plantee que todo consumo es bueno para la sociedad. En este
caso, sin negar que debemos cuidar los recursos naturales del mundo,
pensamos que los países desarrollados deben hacer su parte en la
disminución de su consumo indiscriminado, y no simplemente pasarle
la factura a los pocos países que aún tienen recursos que
proteger.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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