No
sólo pan
Una
de las críticas más comunes al marketing viene de artistas e
intelectuales que lo acusan de crear necesidades superfluas.
Lo tildan así de “aliado del capitalismo” y de la gran
empresa, pues usaría diversas artimañas para hacer que la gente
gaste en cosas sin utilidad real. Citan como ejemplo a la moda (que
hace cambiar ropas, autos o zapatos, a pesar que los productos son
todavía útiles) y también a las nuevas tecnologías (que, como el
celular, nos encadenan a usarlas, a pesar de no ser indispensables).
No
entraremos a discutir los detalles de estos argumentos, pues ellos
han sido tratados
ya en otros artículos. Quisiéramos por el contrario señalar
nuestra satisfacción por ver que el crecimiento económico que se
observa en el Perú en los últimos tiempos, está siendo acompañado
también de un crecimiento cultural muy interesante.
En
efecto, desde hace poco tiempo estamos en Perú viendo renacer
manifestaciones artísticas a las que ya nos habíamos
desacostumbrado. Encontramos por ejemplo una producción cada vez
mayor de libros de escritores peruanos, nuevos y muy prometedores,
junto con películas peruanas premiadas en festivales extranjeros y
nacionales, a pesar de la falta de apoyo gubernamental. Vemos también
aparecer aquí y allá exhibiciones de pintores, escultores y otros
artistas plásticos, apoyados por una actividad cada vez mayor y más
atinada de instituciones como el Museo de Arte de Lima.
Pareciera
también que renace el teatro, pues junto con las comedias populares
–las únicas que sobrevivieron en Lima- se realizan hoy montajes
como “La Muerte de un Agente Viajero” de Arthur Miller (que,
dicho sea de paso, muestra como desaparece la filosofía del
vendedor tradicional –dicharachero y “convencedor”- y da paso
al vendedor de marketing –profesional y centrado en su cliente).
Revive también el arte popular, observándose manifestaciones
culturales como la Gran Semana de Lima, y la inclusión -esperemos
que esta vez si- de Perú en las giras de artistas mundiales como
Shakira o conocidos grupos de rock. Y
si no tuviéramos restricciones de espacio, podríamos hablar
incluso del nuevo aire de la arquitectura y la danza, junto con
diversas otras artes.
Pero,
¿Qué tiene que ver el comentario inicial sobre la crítica de los
intelectuales al marketing, con este comentario favorable hacia las
manifestaciones artísticas? Bastante, porque quizás haga entender
que el uso de aquello que muchos intelectuales y artistas atacan por
su falta de utilidad práctica aparente, como la moda en el vestir o
el teléfono celular con pantalla a colores, responde a la misma razón
de existir que la música, la poesía, la danza o la pintura. En el
fondo, ambas muestran que no sólo de pan vive el hombre, y que para
que algo sea apreciado, no es necesario que cumpla una función
utilitaria estricta como comer o estudiar, ni que utilice la magia
-o la supuesta mala intención- de esos “brujos” expertos en
marketing.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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