Los
nombres de Lima
Comenzaremos
este artículo en homenaje al 472 aniversario de la fundación de
Lima con un pequeño test para el lector: Pregunta 1)
Usted quiere comprar un departamento y le ofrecen uno de 120
m2 con buenos acabados en Lima Norte. ¿Cuánto sería el precio máximo
que pagaría? (antes de seguir leyendo por favor anote el dato en un
papel) Pregunta
2) Usted quiere comprar
un departamento y le ofrecen uno de 120 m2 con buenos acabados en el
Cono Norte. ¿Cuánto sería el precio máximo que pagaría? (anote
el nuevo dato en el papel).
Si
ha respondido imparcialmente, posiblemente encontrará una
diferencia importante entre el precio que pagaría por el
departamento en el primer caso (Lima Norte) y el segundo (Cono
Norte). Siendo
que la única variación en las preguntas fue el nombre del lugar,
podríamos decir que la diferencia de precio entre las respuestas es
debida exclusivamente a lo que llamamos en marketing “el valor de
la marca” Lima.
Este
pequeño experimento tiene relación con lo que encontramos hace
tiempo estudiando el fenómeno del inmenso crecimiento económico y
social de la ciudad. Vimos así que los barrios de la creciente
periferia limeña cambiaron constantemente de nombre: empezaron
siendo llamados Invasiones, pasaron a ser Barriadas, se
transformaron en Pueblos Jóvenes, cambiaron a Asentamientos Humanos
y luego devinieron en Conos. Sin embargo, aunque cada nombre era
menos agresivo que el anterior, la denominación más contemporánea
de “Cono” -Norte, Centro o Sur- continuaba teniendo un
componente peyorativo, que implicaba que solamente era Lima la Lima
Central (y hasta el Callao), y que las periferia era un especie de
accidente social de la ciudad. Esto último perdía validez cuando
dimos a notar que
5 de los 8 millones de habitantes de Lima viven en las zonas
consideradas “periféricas”: en otras palabras “el
accidente” resultaba más grande que la normalidad.
Luego
del pequeño test y de esta explicación, el lector podrá
comprender mejor por qué desde hace mucho tiempo, en nuestras
comunicaciones, publicaciones y libros (como el de Ciudad de los
Reyes, de los Chávez, los Quispe..) hemos insistido en la
conveniencia de que todos denominemos a estas nuevas partes de la
ciudad con un nombre que refleje su real esencia. No encontramos
mejor forma que llamarlas simplemente “Lima”, con el adjetivo
situacional geográfico adecuado (Lima Norte, Lima Este y Lima Sur).
¿Qué
ganamos con eso? Desde
el punto de vista sociológico, muchas cosas. Desde el punto de
vista económico, centro de esta columna, al menos una: eliminar una
gran barrera psicológica que dificulta la inversión empresarial en
lo que son hoy los mercados más pujantes y prometedores del país.
Si no lo cree, señor empresario, inversionista o gerente que nos
lee, haga de nuevo el ejercicio de arriba y cambie la palabra
“comprar” un departamento, por la palabra “vender”. Verá
como su intención de hacer negocios en las nuevas Limas se
incrementa con el simple cambio de denominación.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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