Necesitamos
héroes (II)
Nuestro
artículo de la semana pasada “Necesitamos héroes” generó
diversos comentarios contra algunos de los personajes mencionados
allí. El caso de Hernando de Soto fue el más recurrente, pues sus
críticos señalaban desde su falta de carisma hasta la duda sobre
cifras de sus investigaciones, como las que señaló Richard Webb
(otro economista peruano remarcable). Entre los criticados
estuvieron Gisela Valcárcel (no tiene estudios etc.) Alfredo Bryce
(poco original) y otros, cuyos problemas o defectos invalidarían su
reconocimiento.
El
lector recordará que decíamos que, como en los productos
“gancho” de las empresas, cada vez que un amigo, colega o
compatriota nuestro es reconocido y admirado, nosotros nos
“salpicamos” de su éxito y ganamos también un poco de admiración.
Por ello, decíamos, al ser mezquinos con nuestros compatriotas, lo
somos también con nosotros mismos, lo cual es mal negocio.
Así,
aún si las críticas recibidas tuvieran sustento cierto, ello no
implica que su uso sea siempre pertinente. Si vemos el caso de las
empresas encontraremos que, por encima de todo, ellas tratan de
encontrarles beneficios y virtudes a sus productos “gancho”.
Saben que si el producto tiene algún defecto menor –siempre que
no atente contra el interés de sus clientes- no sería razonable
ponerlo de relieve, pues esa es una tarea de la que se encargarán
con gusto los competidores.
Visto
el tema con esta óptica, concordaremos que no invalida su mérito
como empresaria –muy por el contrario- el hecho de que Gisela no
sea Master en Administración. Tampoco la importancia de la
contribución de Hernando de Soto al tema de la informalidad en el
mundo disminuye por que este señor no nos cae simpático, o por que
se duda de una de sus cifras (a menos que ésta sea absolutamente
indispensable en su razonamiento). Por otro lado, en nada afecta su
calidad de maestro y lingüista, el que Luis Jaime Cisneros haya
tenido una colaboración con el régimen militar de los años 70.
En
cualquier caso, podemos optar entre dos formas de elegir a nuestros
héroes. Una excluyente y mezquina, según la cual sólo merece
admiración aquella persona remarcable en algún tema especial, que
es a la vez inmaculada y sin defectos. La otra es la inclusiva
y generosa, según la cual admiraremos a todo aquel que destaca por
su esfuerzo o su comportamiento en un determinado ámbito
socialmente correcto, punto. La primera quizás nos deje satisfechos
de ver que nadie es mejor que nosotros y a lo más tendremos algunos
héroes muertos, a quienes la indulgencia del tiempo elimina los
defectos, como muchos de nuestros héroes militares o civiles. La
segunda, como lo hacen los productos gancho, probablemente hará que
también nosotros mejoremos nuestra imagen y competitividad frente
al mundo, y tendremos además ejemplos vivos para nuestros hijos. No
es necesario ser muy hábil para darse cuenta de cuál es la mejor
opción.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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