¿Lisa,
pejerrey o lenguado?
Aunque
probablemente la mayoría de lectores no son pescadores, seguramente
sí saben comer pescado y podrán entender la metáfora que
presentaremos sobre
el marketing y las diversas formas de pesca.
Una
forma de pescar extraña pero muy simple, es la de “robadera”.
Ella consiste en tirar lo más lejos posible un cordel que lleva en
su extremo varios anzuelos muy filosos y sin carnada. La tarea del
pescador es ir recogiendo el cordel con movimientos muy bruscos
esperando que se crucen algunos peces y queden atrapados en los
anzuelos. Con esta técnica se consiguen normalmente peces de poco
valor, como la lisa, un pez algo graso y de sabor fuerte.
Otra
interesante forma de pescar es con atarraya. Se trata de una pequeña
red redonda y rodeada de plomos, que el pescador tira desde la
orilla de la playa, estando él mismo metido en el agua. Luego de
tirarla, el pescador recoge el atarraya con una cuerda atada al
medio, atrapando así al grupo de peces que estaba por allí en ese
momento. Con este sistema lo más común es obtener muchos peces
pequeños pero sabrosos, como los pejerreyes.
Una
forma más sofisticada es la pesca de “pinta”. En ella se
utiliza un cordel con uno o dos anzuelos, en los que se coloca una
carnada escogida en función del tipo de pez que quiere conseguir.
Puede ser una carnada muy simple, como un muy-muy, o más
sofisticada como un pescado pequeño y muy fresco que se amarra para
que se mueva como si estuviera vivo. Dependiendo de la carnada
escogida y de la técnica del pescador se consiguen chitas, corvinas
o lenguados.
En
el marketing también existen técnicas comerciales similares. Así,
hay empresas que no se preocupan por conocer sus mercados y trabajan
de “robadera”. Por ejemplo, hacen publicidad indiscriminada y
cogen al cliente desprevenido que pasa por allí. Cuando hay mucha
demanda terminan con alguna ganancia, pero generalmente el esfuerzo
es mayor que los resultados.
Hay
otras empresas que pescan con “atarraya”. Ellas escogen a grupos
de consumidores según variables básicas como su ingreso, edad o
sexo, a los que se dirigen a ellos de manera más directa. Casi
siempre captan clientes
de valor mediano, aunque a veces cae por allí un “lenguado”
desprevenido.
Finalmente
las empresas más avanzadas pescan “de pinta”. Escogen de manera
muy cuidadosa a los clientes que más le interesan y se preparan
para darles lo que ellos quieren, en un proceso que implica
conocerlos a fondo y segmentarlos con herramientas sofisticadas,
como la de los Estilos de Vida. Aunque este trabajo es más lento y
cuidadoso, los resultados pueden ser impresionantes.
El
lector habrá comprendido que para pescar y para hacer empresa se
pueden usar técnicas de diverso nivel de esfuerzo y sofisticación.
¿Cuál escoger? La decisión depende simplemente de qué quiere
tener el pescador
en su plato ¿lisa, pejerrey o lenguado?.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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