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Informar sobre lo que no pasa

Muchas personas, incluido probablemente usted también, señor lector, hemos dejado de ver noticieros televisivos o disminuido nuestra lectura de periódicos, hastiados de las noticias que insistentemente se presentan en algunos de ellos: asesinatos, accidentes, violaciones, robos y todo tipo de noticias cargadas de violencia.  La justificación que hace de ello la prensa morbosa es decir que la labor del periodismo es informar sobre aquello que sucede, y  por lo tanto, siendo la violencia parte de nuestra vida diaria, merece ser puesta en relieve.  Creemos que hay un grave error en esta afirmación, pues, contra la creencia que la labor de los buenos periodistas es informar sobre lo que pasa, nosotros pensamos que el buen periodista, el que se distingue, es aquel que justamente busca informar sobre aquello que nunca pasa. Veamos.

Imagine usted señor lector que su amiga Juana, la chismosa del barrio, la llama para decirle que su vecino hoy también le pegó a su mujer, le dio la patada de siempre al basurero y tampoco pagó el alquiler de su casa. Imagine usted que repite esa llamada todos los días con el mismo tipo de noticias Seguramente pronto usted se cansará de oírla y no querrá contestarle el teléfono: lo que le cuenta, por repetitivo, dejó de ser noticia. La noticia sería sin embargo si lo llamara un día para contarle que el vecino no salió de su casa por que llegó su hija de España, o que le trajo un ramo de rosas a su esposa y luego se puso a regar el jardín. Eso sí sería interesante ¿no es cierto?  

Aplicando ese mismo criterio a este tipo de periodismo informativo, resulta fácil darse cuenta que si bien en un primer momento puede serle útil el levantar las noticias violentas, en el mediano plazo esa estrategia se convierte en un boomerang que retorna sobre sus cabezas. El problema sin embargo no es su vigencia, pues sabemos que un tiempo ellos perderán audiencia y desaparecerán, como sucedió con aquellos cirqueros que se ganaban la vida mostrando animales con 4 cabezas  y personas con todo tipo de deformidades. Lo malo es que dejan sembrado un problema mayor a la sociedad: el acostumbramiento con el morbo y la violencia, pues a fuerza de repetir sus escenas ante nuestros niños, jóvenes y nosotros mismos, llegan a hacernos sentir que ese tipo de situaciones son naturales en la vida de la sociedad.

En fin, al informar lo que siempre pasa, este periodismo no solamente están haciendo que nuestros hijos crezcan pensando que lo normal es tener una sociedad enferma, sino que además están condenando a sus programas a la desaparición por hastío de la audiencia. Ello, además de desagradable, es poco práctico. Y también bastante lejano a la verdadera tarea de un buen periodista, que es informar justamente lo que nunca, o casi nunca, pasa.

Rolando Arellano C.

Centrum Católica

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