Las
Iglesias y los Cines
A
la iglesia católica le preocupa la merma en sus creyentes y el
crecimiento de las protestantes. Algunos dicen que ello se debe a
problemas morales de la sociedad, pero pensamos -a riesgo de ser
acusados de banalizar el tema religioso- que parte del problema
estriba también en una falta de visión de marketing –es decir de
considerar las necesidades del usuario- que tendría la iglesia católica.
Una muestra de ello son los edificios de las iglesias. Veamos.
Los
grandes arquitectos de la edad media, como Dolci y Bernini,
construyeron iglesias y catedrales pensando en la grandeza de
Dios, pero también en lograr la atención de los hombres. Buscaron
así la mejor sonoridad posible para los coros y adornaron los
edificios de manera intensa, para que los fieles asistieran a Misa
en un ambiente grato, que les permita reflexionar cómodamente sobre
la palabra dada por el sacerdote. Hicieron así maravillas que
continúan asombrando al mundo.
Si
a esos mismos arquitectos les tocara hoy diseñar iglesias, observarían
que, salvo excepciones, no se cumple el objetivo de atraer la atención
del asistente. Comprenderían que el creyente se limita a observar
pasivamente los actos del sacerdote – si no se lo impide la
espalda del feligrés que le tocó delante- en una sala bastante
menos interesante que la de las iglesias clásicas. Verían que la
Misa debe hoy competir con una sociedad más activa, y sabrían que
el análisis repetitivo de algunos pasajes de la Biblia hecho cada
domingo por un sacerdote, no es una experiencia tan integral y
conmovedora como lo fue hace cientos de años, cuando no existía la
riqueza comunicacional del cine o la televisión.
Hubieran
notado la gran diferencia entre esto y las ceremonias de las nuevas
tendencias religiosas, donde, como en el catolicismo de inicios, los
fieles tienen actividad y protagonismo en todo momento. Allí todos
danzan, cantan, intercambian opiniones y se dirigen al resto,
formando lo que la sociología llama una comunidad, es decir un
grupo de personas con lazos comunes e interacción entre ellos.
Deducirían entonces que para lograr esa comunicación se precisan
edificios con una arquitectura particular, que tome en cuenta la
necesidad de atención completa del asistente.
¿Y
si no tuvieran dinero para nuevas edificaciones? Probablemente
recomendarían comprar los cines antiguos, que fueron diseñados
para la interacción entre el asistente con la película, y no con
la espalda de alguien. Propondrían alojar a las nuevas iglesias católicas
en lo que fueron el cine Orrantia en San isidro, el Metro en la
plaza San Martín y en los mejores cines del interior.
Desgraciadamente se les habrían adelantado las nuevas religiones,
que, al centrarse más en sus creyentes, estarían creciendo muy rápidamente.
Terminarían,
por obligación fraterna, recomendando a la iglesia católica tener
más en cuenta las necesidades de sus feligreses. Para evitar que más
prójimos sigan yendo hacia lo que ellos consideran que es el camino
equivocado.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
Ir
a más artículos 
|
|