El
huevo de Colón
Hace
más de 500 años, Colón, durante una cena, retó a los comensales
a poner un huevo en pie. Todos dijeron que era imposible, pero Colón,
hábilmente, le rompió un extremo y lo paró sobre la mesa.
Rescatamos esta anécdota del iniciador del mestizaje racial en América,
pues nos muestra que a veces es necesario quebrar los
convencionalismos para resolver problemas, como el del racismo, que
interfieren en el desarrollo de nuestra sociedad.
El
racismo en nuestro país se manifiesta a cada instante.
Indirectamente, en la publicidad que solamente muestra 'blanquitos'
triunfadores. Algo más directa, en las ofertas de trabajo que
exigen 'buena presencia'; y de modo absolutamente crudo, en las
discotecas que 'se reservan el derecho de admisión'. Además, hay
certeza estadística de una fuerte correlación entre raza y
riqueza, pues a mayor nivel de pobreza se encuentra un mayor
porcentaje de gente indígena.
Por
otro lado, cada día encontramos más autoridades de apellido Quispe
o Yupanqui y observamos que la palabra 'serrano' ha perdido su
connotación negativa, debido al fortalecimiento económico y social
de los migrantes, en esta nueva Lima a la que han convertido en la
ciudad serrana más pujante del país. Así, vemos con agrado que
ningún comerciante se arriesga a vivir la historia de la señora
con polleras que compraba tres camiones al contado en la tienda
vecina, porque en la primera tienda la habían ignorado.
Estos
dos aspectos opuestos del mismo tema nos llevan a pensar que, contra
lo que muchos creen, el racismo por sí mismo no produce pobreza y
marginación, sino que, por el contrario, es la pobreza la que
produce el racismo. La evidencia está en la historia del mundo,
pues en toda comunidad, el ideal de belleza y cultura es aquel del
grupo dominante. Si el ideal de belleza mundial hoy es el europeo,
es porque ellos dominaron el mundo durante siglos. Si en el Perú
hubieran ganado los incas, quizá estaríamos hoy segregando al
blanco migrante, ignorante y pobre.
Pero,
más allá de la disquisición teórica, esta posición conlleva a
cambiar las estrategias de lucha contra este problema. Siendo
adecuado luchar contra sus manifestaciones, creemos que el racismo
solamente desaparecerá cuando desaparezca su origen profundo: la
pobreza endémica de los indígenas. Aunque parezca extremista, la
realidad parece decirnos que el peruano autóctono dejará de ser
segregado solamente cuando, como grupo y no como excepción, tenga
educación e ingresos suficientes para influir en los mercados, tal
como lo vemos en los ejemplos positivos de cambio social señalados
líneas arriba. Felizmente podemos ser optimistas, pues los ejemplos
auguran multiplicarse con el crecimiento de las inversiones en las
provincias del país que se observa actualmente.
En
fin, si a Colón le hubiera tocado resolver el problema que él
inició, quizá hubiera sido más radical que en su anécdota. No
hubiera pensado solamente en romper el huevo, del racismo, sino que
buscaría eliminar a la gallina que lo genera.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
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