La
Fiesta Patronal de Asia
Nos gustó mucho el informe de Día-1 pasado sobre la gran importancia económica de la fiesta de la Virgen de la Candelaria (“Fiesta Bendita”, 12 de Febrero 2007), que concuerda con nuestra apreciación de que uno de los espectáculos más bellos del folklore mundial (“Carnavales y Folklore” El Comercio, 16 de Marzo del 2006). En ese informe, elaborado por Manuel Marticorena y Luis Chumpitaz, encontramos además, diversos aspectos culturales muy importantes de los peruanos, al punto que nos hemos permitido citar textualmente algunos de los pasajes:
“Envidie a los puneños que en estas últimas dos semanas han podido concentrar todo: su pasado, su cultura, sus amigos y parientes. Envídielos por el derroche físico y económico excepcional que hacen. Pero más aún, envídielos porque en estas dos semanas son absolutamente felices”. Dicen también en otra parte del texto “Las leyendas urbanas tejidas alrededor de de la celebración indican que en La Candelaria no se escatiman gastos, que por eso las cuentas de ahorros en los bancos se vacían y las mujeres se convierten en las mejores amigas de los joyeros, que gastan tanto en dinero y alhajas caras que deben ser cuidadas por guardaespaldas. Pero nada de eso pudimos comprobarlo”. Y, señalan, “¿Cuál es entonces el motor de esta celebración sacra y pagana a la vez? La competencia. Como señala el antropólogo Luis Millones, este es uno de los factores que los lleva a mostrar un dispendio desmedido y que a la vez fortalece la celebración porque genera mayor convocatoria”. “Durante La Candelaria se ve competencia en todos los ámbitos: Entre los conjuntos, entre los bailarines que forman los bloques. Es como una reacción en cadena para demostrar quién es el mejor”.
¿Y qué tiene que ver con La Candelaria, Asia, el balneario de moda al Sur de Lima, que ponemos en el título de este artículo? En realidad mucho. Si el lector nos hace el favor de releer las palabras subrayadas del informe y en donde vea puneños coloca “limeños de Asia”, donde diga La Candelaria, entienda “el verano en Asia”, donde haya semanas ponga “meses”, y en donde lea conjuntos y bailarines piense en “playas” y “condominios” de la zona, como “Playa Blanca” o “Palabritas”. Verá entonces que muchos “ricos” de Asia tienen en el verano la misma manera de pensar y divertirse que sus paisanos en las fiestas patronales. Aunque las máscaras y los disfraces varían un poco, es evidente que el sentido de la fiesta sin parar, de la ostentación y del gastar en pocos días toda la plata del año, son iguales en Puno, en Orcotuna o en “Eisha”.
Al margen de diferencias económicas o de origen social, Asia y La Candelaria nos muestran la existencia de marcados estilos de vida que, compartidos por muchos de los peruanos, traslucen con infinita transparencia la cultura de una no tan disímil sociedad… Felizmente.
Rolando
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