Expropiemos
las gallinas
En
una reunión de campesinos un dirigente pidió expropiar los
tractores para ponerlos al servicio común. La gente votó de manera
casi unánime para que así sea. Luego propuso expropiar también
las vacas, y la mayoría votó a favor de esa medida. Finalmente el
dirigente, entusiasmado, pidió expropiar las gallinas, pero vio con
sorpresa que todos se opusieron. ¿La razón? Que casi nadie tenía
tractores, solo algunos tenía vacas pero ¡todos tenían gallinas!
El operativo “empleada audaz”, llevado a cabo en el balneario de
Asia este fin de semana, me hizo recordar esta anécdota.
Debo
señalar primero que concuerdo con el objetivo de luchar contra el
racismo en nuestro país, aunque insisto, como lo he dicho en otros
artículos, que más que racismo puro, en el Perú existe
discriminación económica, que “cholea” al pobre y
“blanquea” al rico. Me parece además, conveniente que exista un
movimiento para mostrar que el servicio doméstico es un trabajo que
no implica per-se un status social menor a cualquier otro oficio.
Creo también que es muy importante penalizar cualquier tipo de
discriminación, como la de impedir que alguien utilice bienes
sociales o comunes -playa, iglesia o discoteca- en razón de su
aspecto o su oficio. Lo que me parece inadecuado es que se focalice
esta protesta en una zona específica de la ciudad, cuando ese tipo
de abusos es muy común en todas partes.
Así,
sería mucho más sano y eficiente para la causa del servicio doméstico,
que se plantee una actividad que toque a muchas de las casi
200 mil familias limeñas –de todos los niveles sociales- que
tienen empleadas y que consciente o inconscientemente, las explotan,
menosprecian o degradan. Me hubiera gustado por ejemplo que
propongan que en todos los hogares se les de un horario de trabajo
aceptable, que reciban un sueldo decoroso y adecuado a su esfuerzo,
o que dispongan de tiempo libre para realizar estudios. Más aún,
aunque no estoy seguro de su practicidad, hubieran llamado la atención
mediática si plantearan que el uso de uniforme les sea un elemento
discrecional. En lugar de ello, prefirieron ir a Asia a pedir que se
les permita bañarse en el mar, probablemente sin preguntarles si
eso les parecía una reivindicación importante, dejando entrever
quizás que el maltrato es solo un problema de “ricos”, y que no
importa por ejemplo que en Lince, Miraflores o Comas se les pague
menos del sueldo mínimo por 80 horas de trabajo a la semana.
En
fin, apruebo toda manifestación contra el maltrato a las personas,
pero sabiendo que el problema rebasa largamente a las dos mil
familias del balneario, el ver activistas protestando allí por ese
tema me parece una falta de sentido práctico. A menos que su
protesta en Asia tenga más que ver con el hecho de que muchos
tienen “gallinas”, pero es mas fácil “expropiar” las vacas
de los pocos que las tienen en el sur de Lima.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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