Ecolomía
y Marketing
Hasta
hoy, siguiendo la disciplina del marketing, que busca satisfacer de
la mejor manera las necesidades del consumidor, una empresa de
alimentos sabía que vendería más si entregaba los sándwiches a
sus clientes en un gran empaque impermeable y protector del calor,
que si se los daba en un empaque menos sofisticado. Sabiendo que
ello agravaba el problema ecológico mundial, pues se generaban más
desechos, no podía permitir que su cliente se vaya donde un
competidor que maximizara su comodidad personal. En ese contexto,
donde la empresa y el cliente supuestamente ganaban pero la sociedad
en su conjunto perdía, era muy difícil asumir una postura de
defensa del medio ambiente. Ahora las cosas han cambiado, y es el
momento de actuar de manera diferente.
Hoy
es poco probable que existan peruanos que no se hayan enterado del
inmenso peligro que se cierne sobre el planeta. Las campañas mediáticas
mundiales como la de Al Gore y los testimonios de expertos peruanos
como Antonio Brack y Julio Kuroiwa están mostrando crudamente que
el futuro está mucho más cerca que lo pensado y que en algunos años
nosotros, ya no nos nuestros nietos como creíamos hasta hace poco,
sufriremos los embates de la sequías, las inundaciones y los desórdenes
climáticos -y económicos- mundiales. Gracias a esto es probable
que la defensa del medio ambiente se convierta rápidamente en un
factor de elección de consumo, tal como lo auguraban desde hace años
los defensores del marketing social, que decían que los clientes
preferirán a las empresas que busquen el bienestar conjunto de la
sociedad, más que el de cada consumidor particular.
En
este contexto es más factible para una empresa implementar
estrategias de protección del medio ambiente, pues sus consumidores
sabrán interpretar que la disminución de su comodidad personal se
da como contrapeso al cuidado de su comodidad en el futuro cercano.
El problema no es entonces decidir si se defiende o no el medio
ambiente, sino más bien cómo hacerlo disminuyendo lo menos posible
la comodidad del consumidor. Aquí quizás entre la palabra
“Ecolomía”, que inventamos en esta columna hace unos
meses y que respondía a la necesidad de unir a la Economía
con la Ecología. Felizmente se observan ya estrategias muy
innovadoras este sentido, en áreas como la creación de productos
(por ejemplo en la arquitectura ecológica sostenible que busca
construcciones con mínimo consumo energético), la disminución y
reutilización de empaques (favoreciendo los empaques reciclables) o
el uso menor de servicios (como el cambio de toallas en los hoteles
solo a pedido del huésped).
En
fin, hoy que la sociedad consumidora está comprendiendo que no le
conviene suicidarse, las empresas no deberían dudar en poner en práctica
estrategias “ecolómicas”. Eso no solo será bueno para los
dirigentes y sus familias, sino también para sus empresas pues el público
premiará a quien lo haga, aunque eso conlleve que su sándwich se
enfríe un poquito más rápido.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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