Desinflando
la llanta tributaria
Cuentan
que un camión cargado con mercadería muy alta y voluminosa se quedó
atascado en un túnel. Para solucionar el problema, el chofer quiso
sacar algo de la carga de arriba, pero alguien le sugirió mejor
desinflar un poco las llantas. El chofer contestó: "no sea
tonto, ¿no ve que el problema no es abajo, sino arriba?". Este
chiste que puede parecernos absurdo por lo disparatado de la
respuesta, en realidad muestra una situación que vivimos todos lo días
en el país, el de la alta carga impositiva tributaria para las
empresas establecidas.
En
efecto, durante los últimos meses, la Sunat se precia de romper récords
de recaudación tributaria. Esto nos parece muy bien y esperamos que
siga así, siempre que ese resultado no se logre únicamente
haciendo crecer la presión tributaria en los mismos contribuyentes
de siempre: las grandes y medianas empresas registradas y sus
empleados formales.
Una
presión fiscal demasiado alta en las pocas empresas peruanas que
tributan sin duda desincentiva el desarrollo del país. Por ejemplo,
es probable que ella esté en la base del rechazo de las empresas
formales a exigencias gubernamentales como, por ejemplo, dar mayores
beneficios sociales a los trabajadores. La razón es que esas
exigencias son justas y aceptables en un ambiente de equidad, pero
en esta situación, en la que unos pocos asumen todas las cargas,
resultan ser verdaderos sobrecostos y dificultan el competir tanto
en los ámbitos nacional como internacional.
Para
ello las autoridades deben buscar maneras creativas de incrementar
la recaudación en la gran masa de empresas informales o
semiformales. Deben pensar quizá en sistemas indirectos de
recaudación para estas empresas, o impulsar acciones que muestren
claramente cómo les favorece a ellos su pago de impuestos, u
organizar sistemas de recolección diaria o semanal, acordes con la
periodicidad de los ingresos de la PYME, como están descubriendo
las empresas y los bancos que les dan crédito (hablaremos de
nuestras experiencias en ese aspecto en otra ocasión).
Mientras
tanto, los lectores de esta columna también podemos ayudar (nos) en
este objetivo. Por ejemplo, ayudaríamos a disminuir la presión si
compramos menos discos o libros piratas, que no pagan el más mínimo
impuesto. Podríamos incluso ser más activos si exigiéramos boleta
o factura a todo aquella panadería, sastrería, peluquería,
restaurante u otro negocio que nos cobre precios con el IGV
incluido. Con eso no solamente evitaremos que el comerciante se
guarde ese 19% que le damos para entregarle al Gobierno, sino que
nos haríamos justicia, pues impediremos que ese monto nos sea
cobrado nuevamente a través de mayores impuestos.
En
fin, aunque pueda parecer ingenuo, creemos que si los contribuyentes
hacemos nuestra parte para bajarle la llanta a la informalidad
tributaria, las autoridades dejarán de pensar como el camionero,
que busca solucionar su problema solamente presionando a los de más
arriba.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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