Con
derecho a equivocarse
Durante
mi segundo año de estudios doctorales en Grenoble, una ciudad de
los Alpes Franceses, conocí a un colombiano recién llegado con
quien solíamos almorzar casi a diario. Extrañamente, un día de
Noviembre, cuando se produjo la primera nevada -intermitente-
del año, nuestro amigo colombiano no llego a comer. Al día
siguiente, al preguntarle por su ausencia, él respondió: “Es que
ayer nevó, ¿Cómo querían que venga, si nevó? ¡Imagínense!”…
Todos los de la mesa terminamos riéndonos de su ocurrencia y
haciendo chacota por su reacción.
Algunos
años después entendí por qué mi amigo consideró razonable no ir
a la universidad cuando nevaba. Como colombiano que nunca había
vivido ese fenómeno atmosférico pensaba que lo natural era que con
la nieve todo se vuelva un caos y se paralice la ciudad, como pasaría
si algún día nevara en su soleado Medellín. El problema era que
estaba en Francia, donde todos los años nieva, y por lo tanto no
existía excusa para detener ninguna actividad cotidiana.
Posteriormente,
acostumbré contar este incidente a mis alumnos y clientes cada vez
que me decían que sus deficientes resultados empresariales eran por
culpa de “la crisis”.
Las crisis –les decía- son parte de la vida diaria de los
negocios en América Latina y por ello no pueden ser excusa para
justificar resultados negativos.
En el Perú, que alguien diga “no llegué a mi presupuesto
por la crisis”, es tan ridículo como si un constructor francés
dijera a su Directorio: “este año vendí menos casas que lo
planeado por que nevó”. Completaba mi discurso de aquel entonces
diciendo: “ustedes solamente tendrán derecho a equivocarse cuando
aquí haya mayor estabilidad y crecimiento, porque eso sí sería un
fenómeno desconocido para nosotros”…
Risas nerviosas acompañaban siempre a este comentario.
Hoy,
leo los resultados del Barómetro 2006 del Instituto de Opinión Pública
de la Universidad de Lima -una encuesta a 1000 empresarios- y veo
que las creencias y expectativas del empresariado en torno a la
estabilidad económica y política son muy grandes. Veo también que
en este ambiente de crecimiento y optimismo, empiezan a parecer
actitudes y comportamientos gerenciales extraños. Este es el caso
de aquellos gerentes que miran únicamente su crecimiento de ventas,
sin constatar que sus competidores crecen más y ellos pierden
participación de mercado; o el de aquellos que empiezan a gastar
indiscriminadamente las utilidades extraordinarias recibidas. Es
también la situación, felizmente menos común, de los empresarios
que ya piensan en “comenzar a desinvertir, antes que lleguen las
vacas flacas y no se pueda salir del negocio”.
Definitivamente,
estos casos muestran empresarios equivocados, pues esas no son las
mejores maneras de aprovechar el crecimiento y hacerlo mayor. Sin
embargo, para ser coherente con mi discurso de tantos años sobre la
nieve y la crisis, debo reconocer que,
por primera vez, tienen una justificación racional para
equivocarse: están en un ambiente de crecimiento y estabilidad que
nadie conocía ni esperaba.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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