Fantasmas
debajo de la alfombra
Como
a una buena cantidad de peruanos, no puedo dejar de confesar que la
apertura comercial prevista con Chile me inquieta. Por otro lado, no
puedo negar que la firma de un TLC con Chile y su inclusión en la
Comunidad Andina de Naciones pueden marcar el inicio de la tan
deseada unión comercial latinoamericana, dado que el avance de este
país en temas de libre intercambio podría dinamizar los procesos
de integración regional.
Al
no encontrar razones lógicas para mi inquietud (un TLC con Chile es
mucho menos riesgoso que uno con los Estados Unidos) sólo puedo
deducir que quizás ella se deba a esos fantasmas que tenemos los
peruanos escondidos debajo de la alfombra desde la Guerra del Pacífico
y que de tiempo en tiempo revivimos con discusiones sobre el pisco,
la papa o el suspiro a la limeña. Sin duda son esos mismos
fantasmas los que impiden una unión entre Colombia y Venezuela,
Uruguay con Argentina u Honduras con El Salvador.
Esta
situación de rechazo emocional a una integración con un país
vecino es también probablemente la única explicación del fracaso
de los 40 años de esfuerzos por formar un mercado común
latinoamericano, pues cualquier análisis mostraría que se dan aquí
todas las condiciones para integrarse. Así, todos los países
comparten características históricas, sociales, culturales, económicas
y hasta políticas, pudiéndose afirmar que no existe otra región
del mundo con tantos estados homogéneos. Casi toda Latinoamérica
es católica, joven, con 2 ó 3 hijos, amigable, mestiza, rumbera,
habla portuñol, tiene un sentido laxo del tiempo, ve el chavo del
ocho, y además comparte una historia común, con guerras de
independencia, revueltas y problemas sociales parecidos.
El
lector podría considerar exageradas estas afirmaciones, pues
existen diferencias, como que el ritmo brasilero no se parece al
costarricense, o que la mezcla racial argentina difiere mucho de la
boliviana. Sin embargo, ellas resultan insignificantes frente a las
que por ejemplo existen en África o en Asia, donde conviven cientos
de lenguas y etnias, historias coloniales distintas y gran variedad
de religiones. Pero mucho más relevante es la realidad europea,
donde españoles, griegos, italianos, franceses y alemanes tienen
culturas y economías muy distintas, y paradójicamente sólo los
une una historia de grandes guerras (en una sola batalla entre
Francia y Alemania hubieron 700,000 muertos), frente a las cuales
las guerras latinoamericanas parecen incidentes menores.
La
moraleja aquí es que si los países europeos pudieron unirse a
pesar de sus diferencias y su historia de enfrentamientos, no existe
justificación para que los
latinoamericanos no se integren en un sistema económico común.
Por ello, el acuerdo con Chile quizás sea la ocasión para comenzar
a barrer nuestros fantasmas de debajo de la alfombra y relanzar el
proyecto de lograr que Latinoamérica deje de ser una masa de
personas muy parecidas pero separadas, para por fin integrarse en un
solo mercado de 500 millones de consumidores.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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