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El cubo de Rubick laboral

¿Se acuerda el lector del cubo de Rubick, ese juego en donde el desafío es poner las seis caras de un color uniforme?  Creemos que recordarlo puede ser importante para quienes están actualmente discutiendo la nueva ley general del trabajo, que parecen haber olvidado que el trabajo, como toda actividad humana de intercambio, se rige por leyes más importantes y severas: las leyes del mercado.  

En efecto, es sabido que para que un mercado funcione eficientemente se deben  considerar los intereses de todos sus participantes. Infelizmente, la discusión sobre el mercado laboral peruano parece considerar solamente a las grandes confederaciones sindicales y a las empresas formales, y no toma en cuenta que existen al menos 6 entes implicados directamente en sus resultados: las empresas, en sus versiones formal e informal, los trabajadores, que pueden estar o no formalizados (v.g. en planilla o no), los desempleados, y el gobierno, como ente de organización y control.  

Primeramente debemos señalar que la mayoría de demandas de los sindicalistas son razonables, como la estabilidad laboral y un sueldo mínimo importante. La prueba de ello está en que este tipo de derechos existen en muchas otras realidades. Pero no puede olvidarse el contexto peruano en que se dan las demandas y la manera en que ellas afectan a los otros integrantes del mercado. Por ejemplo, un salario mínimo  alto sería bueno para los actuales empleados formales, pero probablemente disminuiría la oferta de puestos y recortaría posibilidades de empleo a los peruanos desempleados o subempleados. Por otro lado, ella haría crecer a las empresas informales que serían mucho más competitivas frente a las formales, y disminuiría la tributación, y así sucesivamente con los otros jugadores.

Sin duda el gobierno conoce esta situación, pero considera que no necesariamente debe negociar con todos a la vez. Probablemente busca jugar una especie de dominó, ordenando primero unas fichas (los derechos de los asalariados formales y sindicalizados con sus empresas), para luego ocuparse de las siguientes (los desempleados, los informales, el fisco etc.).  

El problema es que los mercados no actúan con la simpleza del dominó, sino que son mucho más complejos y sofisticados, como el juego del cubo de Rubick. En efecto, en ese juego todas las piezas del mercado se mueven de manera relacionada, y de nada sirve ordenar uno o dos lados sin considerar las variaciones de color de los otros. Peor aún, en el cubo de Rubick, como en el mercado, si luego de uniformar una o dos caras se quiere uniformar las restantes, no queda más remedio que destruir el trabajo hecho con los lados iniciales.  

En fin, la moraleja es que, si no consideramos ahora los intereses de todos los participantes del mercado de trabajo, en el futuro quizás nos tentará hacer con él lo que hizo un amigo exasperado por no poder completar su cubo: destruirlo para armarlo de nuevo.

Rolando Arellano C.

Centrum Católica

Arellano Investigación de Marketing

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