Aprendiendo
a comprar y a votar
Viéndolo
con unos días de distancia, y aunque al principio me tentó
“exonerarme” de la obligación, puedo hoy decir que tuve la
suerte de ser miembro de mesa en las elecciones del domingo pasado.
Estar allí el día entero me permitió observar, con ojos de mercadólogo,
el comportamiento político de la mayoría de votantes y ver las
oportunidades de mejora en el ejercicio de la democracia.
Puedo
primeramente decir que me impresionó la actitud positiva de la
gente frente a la obligación de voto. No vi caras largas, ni en los
votantes, ni en los miembros del ONPE o de la JNE, y, en mi caso, ni
siquiera en los obligados miembros de mesa. Me impresionó por el
contrario el gran desconocimiento de las personas sobre la mecánica
de votación y sobre aspectos tan básicos como el secreto
electoral. Más aún, me desconcertó ver que muchos entraban a
votar sin tener identificado el símbolo de su candidato. Supongo
entonces que terminaban eligiendo a alguien en quien no habían
pensado.
Esa
situación me recordó mis primeros estudios sobre el comportamiento
de las amas de casa en los supermercados de la periferia de Lima.
Las observábamos entrar sonrientes a los establecimientos,
contentas de tener una opción moderna de compra y luego las veíamos
desconcertadas ante la oferta existente. Les era muy difícil por
ejemplo escoger una marca de margarina entre las quince o veinte
diferentes que había en el anaquel y terminaban comprando aquella
que tenía el paquete más brillante o el que parecía más grande.
¡Cuanta semejanza con muchos votantes del domingo pasado, que se
confundían ante los veinte o más candidatos, y terminaban marcando
simplemente el logo más atractivo o más conocido!.
Felizmente
para el tema de los supermercados, nuestros estudios nos muestran
que con la práctica de los errores cometidos, las señoras son
mucho más eficientes en su gasto. Hoy ellas se preparan más para
comprar, conocen mejor las marcas, no se deslumbran tanto por
ofertas y descuentos y en general controlan mejor su presupuesto.
Además, no solo cambian ellas, sino que su mejor calidad de compra
está obligando también a los establecimientos a mejorar sus
productos, precios y servicios.
Creemos
que en el caso del ejercicio democrático debe darse una situación
similar: solamente la práctica hará que seamos mejores electores y
que hayan mejores candidatos. Por ello si bien las elecciones que
acabamos de tener no han sido lo perfectas que se quisiera, pensamos
que son muy saludables para el aprendizaje de la democracia.
Repitiendo una y muchas veces elecciones de este tipo –y todas
aquellas que se puedan promover en empresas, clubes, universidades,
colegios, y hasta nidos- podremos esperar en el futuro resultados
coherentes con lo que la sociedad requiere.
Sólo
votando muchas veces –equivocándonos en unas y acertando en
otras- aprenderemos a elegir bien. Como cuando compramos margarina
en los supermercados.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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