El
color del cristal con que se mira
No
sé si es verdad aquello de que ”la economía es una rama de la
psicología”, pero sin duda la psicología tiene una influencia
fundamental en lo que está ocurriendo hoy en el país y lo que
ocurrirá en el futuro cercano. Esto se debe a tres grandes aspectos
psicológicos que se están dando en la población peruana,
referidos a sus expectativas de mejora de ingreso, su creencia sobre
la procedencia de ésta y la duración de la misma.
En
efecto, dado que gran parte de la población cree que ha mejorado
algo su ingreso y tiene expectativas de mayor incremento, es muy
probable que se esfuerce más para materializarlo. Como una persona
optimista tiene menos reparos en arriesgarse a invertir que aquella
que ve un futuro negativo, el optimismo actual del país augura que
la economía crecerá tanto o más que lo esperado, por esa propensión
a arriesgar más en el corto y mediano plazo.
Pero
no todas las mejoras pesan igual en el comportamiento, pues influye
mucho la procedencia de éstas. Dinero que entra fácil, se gasta fácil,
dice el refrán y ello se corrobora en tantas personas –como
futbolistas o herederos- que despilfarran su dinero al no valorarlo
en su verdadera dimensión. Felizmente en el Perú de hoy el
incremento del ingreso de las familias se debe a un aumento de las
oportunidades de trabajo aprovechadas, es decir a un mayor esfuerzo
propio. Por
ello, su uso y su inversión será sin duda mucho más cuidadoso, ya
que no se trata de subsidios gubernamentales, como los que veíamos
tanto en la época fujimorista y se observa hoy en la Venezuela de
Chávez.
Pero
no solamente importa la procedencia del ingreso, sino también su
expectativa de duración. Alguien
que considera que su ingreso se incrementará por una sola vez -como
quien se saca el gran premio de la lotería- lo gastará de manera
muy distinta a quien cree que su incremento se mantendrá constante.
Así, mientras muchos “suertudos” resultan más pobres que antes
pues gastan todo en una fiesta inmensa, es más probable que el que
espera una mejora permanente decida comprometerse a compras o
inversiones de mediano plazo, antes que a un gasto descontrolado.
Consecuentemente, el incremento de ingreso de los peruanos en este
fin de año probablemente se destine a compras de mayor envergadura
–y de mayor rentabilidad futura- que las que se hacían en años
menos promisorios.
En
fin, este análisis psicológico nos dice que el dinero no tiene un
valor absoluto, sino que éste depende del color del cristal con que
se lo mire. Felizmente, el fin de año nos regala a los peruanos un
cristal de muy buen color, aquel que nos hace ver, y que nos llevará
a lograr -si nos esforzamos- un futuro un poco más cercano al rosa
que todos esperamos.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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