Catarsis
empresarial
Con
frecuencia las empresas olvidan que las enseñanzas de la vida
diaria pueden ser de gran utilidad para el mejor desempeño
empresarial. Este es el caso de las quejas y reclamos, que para
muchos gerentes constituyen una molestia, cuando en realidad pueden
ser una oportunidad que debe ser bienvenida.
El
psicoanálisis hace tiempo descubrió el concepto de “catarsis”,
que explica que muchos problemas humanos se generan por
desconocimiento consciente de que el problema existe. Así, antes
del psicoanálisis se consideraba adecuado ocultar los problemas
personales, esperando que su poca evidencia los condene a la
desaparición. Por el contrario, Freud y sus discípulos mostraron
que el primer paso de la solución es poner estos problemas en
relieve. Por ello, uno de los objetivos del tratamiento psicoanalítico
-espero que Jorge Bruce y mis otros colegas psicólogos no se
escandalicen por esta sobre simplificación- es propiciar que el
individuo exprese sus miedos, rencores o deseos, para que luego los
reconozca como reales y busque solución a los mismos.
En
el mismo sentido, el mundo empresarial tradicionalmente buscó
minimizar las quejas y reclamos de clientes y consumidores, pensando
que al no aceptarlos ganaban más, pues se ahorraban los costos de
reparación o de cambio subsiguientes. El tiempo, y quizás la
influencia de la psicología en la empresa, mostraron que ese
comportamiento era tan errado como el de ocultar complejos y deseos
profundos en la mente humana. Se encontró por ejemplo, que un
cliente insatisfecho no solamente es un cliente perdido, sino que su
mala imagen acerca de la empresa repercute en decenas de clientes
potenciales. Mientras un cliente satisfecho comenta su insatisfacción
con dos o tres amigos, uno insatisfecho lo hace con varias veces ese
número.
Se
encontró igualmente que los clientes insatisfechos son quizás la
fuente más importante de mejoras empresariales, pues ellos indican
–mejor que cualquier especialista en temas de eficiencia o
calidad- los puntos de mejora más urgentes de los procesos
productivos. Una queja de un cliente insatisfecho es un diagnóstico
gratuito de nuestros problemas. En tercer lugar, se vio que un
cliente insatisfecho que se queja ante la empresa tiene mucho más
probabilidades de continuar como cliente que aquel que no lo hace.
No hay peor momento para una relación que cuando las divergencias
se quedan encerradas en el silencio de los individuos. Además, y
quizás lo más importante, se encontró que el expresar la queja
genera en el cliente un sentimiento de alivio, que hace que
inmediatamente mejore la relación. Cosas de la psicología
humana.
En
fin, como en la catarsis del psicoanálisis, las quejas de los
clientes no sólo no deben evitarse, sin que hasta conviene
estimularlas. Para ello el gerente deberá comenzar por su propia
catarsis, aceptando la existencia de descontentos y abriendo su
mente a quejas y reclamos, sabiendo que éstos, al expresarse, dejan
de ser un problema para convertirse en el primer paso de la solución.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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