CADE
2007 ¿Escépticos o esperanzados?
La
conferencia de ejecutivos del 2007, que busca que los empresarios
“aprendan a tejer” una sociedad más justa, ha originado
diversos tipos de reacciones. Quizás analizar a quienes las
representan podría ayudar al éxito de este objetivo.
Están
por un lado los ejecutivos abiertamente Optimistas, que creen que
este tipo de congresos muestra una manera de pensar colectiva que se
va a convertir en realidad rápidamente. Son los que piensan que la
justicia es una característica intrínseca de los seres humanos y
que este tema solamente necesita ser puesto en relieve por eventos
como las CADE para que empresarios, inversionistas y directivos, lo
lleven a la práctica.
Frente
a ellos, encontramos a los Críticos profundos. Pesimistas
profesionales que dicen que estas CADE no llevan a ningún resultado
social objetivo. Por el contrario consideran que son solamente una
forma de catarsis colectiva, donde los empresarios liberan su
sentimiento de culpa. Al hablar de equidad y justicia, dicen, el
hombre de empresa tranquiliza su conciencia y se siente perdonado de
su comportamiento discriminador, con lo cual le resulta más fácil
continuar con la actitud de siempre.
Existen
también, en número muy importante, los Escépticos oportunistas.
Aquellos que no se comprometen con nada y esperan para ver qué pasa
antes de actuar. Son los que solamente decidirán apoyar el
movimiento de unión entre el empresariado y la sociedad profunda,
si ven que éste toma fuerza. Por el contrario, si se desinfla,
hasta podrán hacer sorna de quienes allí se aventuraron.
Felizmente
existe el grupo de los prácticos Esperanzados, es decir, aquellos
que creen que estas CADE son sólo la evidencia del inicio de un
interés empresarial –social pero también económico- hacia el
tema de la solidaridad y la justicia distributiva. Sabiendo que
falta mucho para que ese interés se concretice en actos, creen que
hay mucho trabajo todavía para hacerlo realidad y están dispuestos
a colaborar por eso.
¿Qué
hacer con cada uno de estos casos? Quizás lo más adecuado sea
convencer a los Escépticos que este movimiento tiene muchas
posibilidades de éxito y que conviene apoyarlo desde el inicio.
También debería hacerse ver a los abiertamente Optimistas que el
camino no es fácil, y que más que llevar un mensaje altruista
puro, deberían trabajar en hacer comprender a los hombres de
empresa que su propio bienestar está comprometido en la existencia
de justicia social. Por otro lado, debería estimularse a los
Esperanzados, para que aprovechando esta apertura de los
empresarios, hagan como los buenos vendedores: meter el pie para
evitar que la puerta se cierre, permitiendo que esas ideas continúen
su camino.
¿Y a
los Críticos profundos? A esos no hay ideas que los convenzan pues
su pesimismo es más fuerte que su criterio. Queda esperar entonces
que cambien de opinión con los resultados; cuando haya evidencias
concretas de que este movimiento de cohesión entre empresa y
sociedad esté funcionando realmente.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
Ir
a más artículos 
|