Servido
y buen provecho
En
muchas empresas industriales existen gerencias de “Trade
Marketing”, encargadas de satisfacer las necesidades y demandas de
los comerciantes, bodegueros, mayoristas, minoristas, etc.,
reconociendo así el cuidado que merecen quienes sirven de puente
entre productores y consumidores.
Hoy, el gran desarrollo de la oferta gastronómica del Perú
exige que la industria de la restauración comprenda también que
los mozos, meseros o garzones son intermediarios de inmenso valor,
que deben recibir un tratamiento mucho mejor que el que hoy reciben.
Veamos.
Durante
mucho tiempo las empresas consideraron que los intermediarios eran
su herramienta para servir al consumidor final, pero la realidad les
demostró que los intermediarios se sentían más cerca de sus
clientes que de sus proveedores. Se sentían entonces el primer
eslabón de la cadena de consumo, más que el último de la cadena
de producción. Esto llevó a las empresas a empeñarse en
conquistar a los intermediarios, sabiendo que eran los únicos que
estaban en contacto directo con los compradores y que gran parte del
éxito de sus ventas estaba en sus manos. Un intermediario
satisfecho, descubrieron, representa mejor, recomienda más y vende
mucho más su producto.
Al
igual que en las empresas, en los restaurantes el cocinero es el artífice
de la producción y muchas veces dueño del negocio. Como en ellas,
al estar ocupado con sus ollas y sartenes, difícilmente puede dejar
el fogón para atender a los clientes, debiendo dejar esa tarea a
los mozos, sus intermediarios. El problema es que pareciera que
muchos dueños de restaurantes peruanos no han comprendido la
verdadera importancia que tienen estos mozos para el éxito de su
negocio.
A
juzgar por la relativamente mala calidad del servicio en
restaurantes -de diversas categorías- de Lima, muchos dueños
parecen no entender que la imagen que tiene el comensal de su
restaurante, es fundamentalmente aquella que se lleva de los mozos y
del local. No han reparado cuán poco vale una comida exquisita si
el servidor está sucio, mal trajeado o malhumorado, y que no sirven
mucho los títulos del chef, si el local está desarreglado o si se
pone al cliente cerca del baño. Olvidan quizás que los peruanos no
decimos solamente “buen provecho”, sino también “servido”
al ofrecer una comida.
Es
por ello indispensable que la industria culinaria peruana ponga más
esfuerzo en mejorar la calidad del servicio en los restaurantes.
Aprendiendo del “Trade marketing”, debería invertir más en
capacitar a los meseros en técnicas de atención al cliente y en
incrementar su motivación por el trabajo, mostrándoles que su
labor es tan importante como la de la cocina. Ello mejorará la
satisfacción de los clientes sin incrementar la planilla, pues los
ingresos del personal aumentarán automáticamente, ya que un buen
servicio merece siempre una mejor propina.
Y
usted señor lector colabore con esta cruzada, dando propinas
generosas a los mozos que le den un servicio de alta calidad. Verá
que vale la pena. ¡Servido!
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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