¿Bodeguitas
o Supermercados?
Mientras
en la mayoría de países latinoamericanos las ventas en
supermercados superan ampliamente a las de los mercados
tradicionales y bodeguitas, en el Perú los supermercados ni
siquiera llegan al 30% de participación del comercio total. Hoy se
observa una fuerte inversión en las grandes cadenas que podría
cambiar el panorama, lo cual genera al menos tres tipos de
comentarios.
Primeramente,
hay quienes se preocupan porque ello podría hacer perder muchos
puestos de trabajo, ya que cada vez que abre un supermercado cierran
cientos de pequeños comerciantes en su entorno. Hay otros que se
alegran, pues los precios podrían disminuir, ya que distribuir a
100 bodeguitas con 10 unidades de un producto es mucho más costoso
que surtir 1000 unidades a un supermercado. En tercer lugar, están
los fabricantes que, sabiendo que es más fácil surtir a un
supermercado que a varias bodegas, temen el gran poder de negociación
de las grandes cadenas, a las que no se le puede imponer márgenes y
precios como a los pequeños comerciantes.
¿Con
qué sistema se beneficia más la sociedad en su conjunto, con
miles de bodegas y puestos de mercado, o con decenas de modernos
centros comerciales y autoservicios? La respuesta se encuentra
aparentemente en una mezcla de ambas opciones.
Por
un lado, es muy poco rentable para la sociedad tener miles de
bodegas que incrementan el costo total de la distribución, más aún
si una gran cantidad de ellas son solamente un disfraz para el
desempleo. Probablemente un sistema de distribución menos
atomizado, bajaría los precios finales a los consumidores e
incrementaría la demanda de productos, con lo cual el crecimiento
del aparato industrial absorbería más mano de obra que hoy está
desempleada. Por otro lado, una concentración extrema de la
distribución en dos o tres grandes cadenas no se adaptaría a una
demanda por montos y cantidades pequeñas como la peruana, y además
podría disminuir demasiado el empleo, como ha pasado en Estados
Unidos donde se dieron fuertes protestas sociales contra la inmensa
cadena Walt Mart.
Lo
ideal parece ser entonces una situación intermedia. Unas cuantas
cadenas fuertes, con gran capacidad de compra y con muchos productos
a precio bajo, conviviendo con una cantidad apropiada de bodegas y
puestos de mercado medianos, cuya mayor virtud sea la alta calidad
del servicio (cercanía, entrega a domicilio etc.) y de los
productos (frescura y calidad de verduras, frutas etc.). De esa
manera, cada uno tomaría su lugar más lógico en la estructura
económica: los grandes aprovechando sus economías de escala y
siendo por tanto más estandarizados y baratos, y los pequeños
usando su versatilidad y servicio personalizado, con precios y márgenes
mayores. Así no solamente se tendría un desarrollo armónico de la
distribución, sino que se maximizaría el beneficio de la sociedad
en cuanto a costo y calidad del servicio ofrecido. Y hasta podríamos
soñar con una colaboración entre ambos sectores.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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