El
arbolito del TLC
A
lo largo de la historia peruana hemos tenido pensadores que
consideraban que la cultura autóctona nacional era una desventaja
para el crecimiento del país. Esta forma de ver las cosas fue
compartida por casi toda la sociedad dirigente peruana,
incluyendo por cierto a los grandes empresarios, tradicionalmente
limeños y mestizos. Hoy que la firma del TLC con Estados Unidos
alegra a muchos y preocupa a otros - pues trae nuevos mercados pero
también traerá nuevos competidores para nuestras empresas- es
interesante pensar que quizás nuestras raíces indígenas son una
ventaja para la industria nacional.
Durante
años los peruanos consumimos básicamente producto nacional,
en gran parte porque los impuestos a la importación hacían
inaccesibles los precios de lo extranjero. Mayoritariamente, los
productos importados llegaron solamente a los reducidos grupos de
altos ingresos, mientras que las mayorías consumían sobre todo
productos hechos a su medida por la pequeña industria y el sector
informal.
Con
el TLC la capacidad competitiva de lo importado cambia, pues los
productos extranjeros podrán entrar más baratos y por lo tanto irán
a competir en nuestros mercados, incluso en las zonas más
populares, que, de paso, están incrementando sus ingresos y por lo
tanto podrán comprar productos de mayor precio y mayor calidad.
En otras palabras, la industria nacional, formal e informal,
ve amenazada su participación en su mercado nacional tradicional,
que crece en capacidad adquisitiva.
¿Cómo
puede luchar la industria peruana, contra esos productos importados,
que tendrán la ventaja de la alta calidad tecnológica, de sus
economías de escala mundiales y además, de precios competitivos
gracias al libre comercio? Sin duda, primero tratando de
mejorar su calidad y buscando las eficiencias y ventajas que le da
la producción cercana al lugar de consumo. Pero por encima de eso,
aprovechando la gran ventaja competitiva que le da el tener la misma
cultura ancestral de sus consumidores; esa raíz indígena que
tenemos todos los peruanos y que nos hace comprender mejor algunos
aspectos que un extranjero occidental no llega a entender.
En
verdad, ¿Para quién resulta más fácil entender que el regateo de
precios es a veces mejor que el precio fijo? ¿Para un empresario
nacional o para el que viene de fuera? ¿Quién sabe que la mayonesa
para los peruanos debe ser suave y con limón, y no espesa y neutra?
¿Quién entiende que la mujer conservadora quiere comprar los cosméticos
en su casa y no salir a buscarlos? Sin duda, es en ese puntito de ají,
que solo nosotros sabemos ponerle a los productos que quieren los
peruanos, que podría estar una ventaja defensiva importante de
nuestra industria, como lo dijéramos ya en esta columna (“TLC con
Ají” Octubre 2004). Cholo soy, y me alegro, podría decir
el empresariado peruano hoy.
Para
terminar, estimado lector, le propongo una prueba. Diga “Aquel
Arbolito, donde estaba…….” Si siguió
cantando la pegajosa estrofa no queda duda, usted es culturalmente
peruano. Felicitaciones, ya tiene una ventaja competitiva más.
Rolando
Arellano C.
Centrum
Católica
Arellano
Investigación de Marketing
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